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Me entristece Me encanta

Lo bueno de tener maestros

Dieciséis años atrás fallecía Arnoldo Avena.

Antorcha por Armonía: De pie: Walter Aquindo, Eduardo Cabrera, Sergio Pérez y Horacio Martínez. Sentados: Pedro Pablo Gerardi, Roberto Armando Bravo, Arnoldo Avena y Antonio Martínez.

Aunque no me sienta del todo cómodo, hoy escribo en primera persona.

Soy parte de una generación de comunicadores que tuvo el privilegio y la fortuna de tener verdaderos maestros. Esta reflexión surge a dieciséis años de la partida de uno de ellos: Arnoldo Avena.

Cada Maestrito con su Librito

Arnoldo era un hombre de aconsejar mucho y bien, respecto de las cosas personales de cada uno de sus compañeros. Se involucraba. Era solidario.

Todos sabíamos que contábamos con él para afrontar cualquier tipo de problema. Su mano estaba tendida para ayudar a solucionarlo. Siempre.

Ahora, en lo profesional era muy estricto. Él explicaba claro y conciso aspectos de cada rol (locución, redacción, operación técnica) pero si tropezabas, te dejaba; no te dejaría caer pero si trastabillabas, te dejaba. Salvo rarísimas excepciones, ni ponía el hombro ni consolaba. Eso sí; no especulaba a la hora de compensar rendimientos. Así, para nosotros la exigencia no era una carga; era un desafío para crecer. Premios y castigos. Todo muy justo.

Es que si el que lidera, además de saber mucho más, es talentoso y se arremanga, el grupo tratará de aproximarse a su talla y la única manera será esforzándose para cometer la menor cantidad de errores.

El resultado de todo no puede ser otro que un trabajo de excelencia. Por caso, Arnoldo Avena realizó  más de 1.500 transmisiones (unas 400 fuera de San Rafael) técnicamente impecables y periodísticamente sincronizadas.

De los errores, se aprende

De eso se trata. La vida no deja de plantear dificultades que hay que sobrellevar, superar y extraerles enseñanzas. La sumatoria da como rédito la experiencia. Y la experiencia es lo que impulsa las piernas del hombre a un escalón superior. Así fue en Cosmodeportes y Antorcha.

Y aprendimos

De la forma de enseñar de Arnoldo y de otros que eligieron otros modos igualmente válidos.

También aprendimos porque teníamos hambre de aprender y entendimos que, de esta película que se viene exhibiendo hace siglos, teníamos mucho por rescatar porque no se trata de viejo o nuevo; se trata de bueno o malo.

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Por Roberto Armando Bravo.

3 Comments

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  1. Tube la suerte de jugar unos años en la Liga Sanrafaelina, en Cuadro Nacional años 1983/84 y mi señora me gravaba los partidos q la LV 4 trasmitia, la verdad muy profesionales. Mi recuerdo para el inigualable Arnoldo y todo su equipo. Miguel Antonio Palacios

  2. Fue un gran amigo de mi padre. Todos los medio días, pasaba siempre por nuestra casa, quedaba de paso para ir a la suya. En su Fiat 600, ya tuneado en esa época; el mismo que usaba para trabajar y correr, su otra pasión. Fue el único que después de fallecido mi papá, visito a mi madre y le dijo que le había prestado dinero, y que se lo devolvería; y así lo hizo. Mi viejo, este tipo de favores con sus amigos los anotaba todos en un cuaderno; Arnoldo fue el único que apareció, y no era el único nombre que allí figuraba…. jajaja. Todos lo habían devuelto ” antes” de que muriera.. No me extrañó de Arnoldo.
    Horacio Franchetti.

  3. Una grata sorpresa ver esa fotografía después de tantos años y un justo homenaje de todos al maestro Arnoldo Avena, un grupo inolvidable. Gracias Roberto por el detalle. Un gran abrazo. Sergio Pérez

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