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Es el goleador histórico de las Inferiores de Independiente, integró el plantel Campeón de la Sudamericana 2010 y jugó en Atlético Pilares: el presente de Brian Nieva

Qué es de la vida del exatacante del Religioso.

Brian Nieva jugó en Atlético Pilares en 2017. Ya retirado de la actividad profesional, trabaja en una empresa de pastas perteneciente a su familia.

En 2017, Brian Nieva (32) jugó el Federal “C” y el torneo de Primera “A” “Emilio Bielli” para Atlético Pilares.

Al Religioso, donde fue dirigido por Carlos Correa y Hugo César González, llegó proveniente de Sport Club Pacífico y en su paso por el Naranja marcó tres goles: a Sport Club Argentino y Andes F.C. por el Federal, y a San Martín de Monte Comán por el local.

Pilares fue uno de los últimos equipos en los que jugó, ya que se retiró un año después en Club El Porvenir de Buenos Aires.

Antes, Nieva jugó en Independiente de Avellaneda (es el máximo goleador histórico de las Inferiores, con más de 100 goles) e incluso formó parte del plantel que en 2010 ganó la Copa Sudamericana. También jugó en Los Andes, Santiago Morning (Chile) y varios clubes más.

La historia y el presente del exdelantero fue abordado por TN Deportivo, que le hizo una entrevista. A continuación, la compartimos.

Qué fue de la vida de Brian Nieva: goleador de las inferiores de Independiente que llegó a Primera

Marcó más de 100 tantos durante su paso por las distintas divisiones. Tolo Gallego lo subió a la máxima categoría e integró el plantel Campeón de la Sudamericana 2010. Hoy, a sus 32, su vida cambió por completo.

Sobre las 7,30 de cada mañana, Brian Nieva abre la fábrica de pastas de su familia. Allí atiende a los clientes y les cobra. Cada tanto mete mano en la masa de las prepizzas y las acomoda en los moldes. Es, a sus 32, un laburante como tantos más. Lo que lo diferencia de casi todos es que fue futbolista profesional: jugó nada menos que en la Primera División de Independiente y es, hasta hoy, el máximo goleador histórico de las divisiones menores del Rojo.

Brian estuvo apenas dos años en la máxima categoría y al postulado de esta cronista sobre lo trunco de esa carrera que soñó y no fue, responde: “No te quiero corregir, pero el fútbol a mí me dio mucho más de lo que yo hubiera imaginado”.

Le decían Braca, por su parecido con el exgoleador Héctor Bracamonte. Del fútbol le quedaron muchos amigos, siendo Patito Rodríguez el mejorNunca se tomó el profesionalismo como algo más de lo que era más allá de la seriedad con la que hizo lo que hizo, y acaso eso le permitió tolerar el golpe de ya no ser, aunque la nostalgia de aquello se le nota de teléfono a teléfono.

Brian Nieva, goleador histórico en las divisiones menores de Independiente. Hoy trabaja en la fábrica de pastas de su familia. En la imagen, junto a Patricio Patito Rodríguez.

¿Cómo va la vida, tu nueva vida?

Bien. Dejé de jugar hace cuatro o cinco años y empecé a disfrutar de lo que antes no disfrutaba.

¿Cómo fue asimilar, si es que lo hiciste, el hecho de dejar de jugar al fútbol?

El proceso todavía no termina y no sé si tiene un fin porque el que fue jugador se va a sentir jugador toda la vida, eso no cambia. En mi caso, tuve la posibilidad de llegar a Primera, de vivir del fútbol un tiempo y es un estilo de vida que no te podés sacar tan fácilmente.

Con la Copa Sudamericana 2010 en sus manos.

¿Seguís jugando como hobbie o mejor no hablar de ciertas cosas…?

Jaja. Yo juego donde sea. Me junto con mis amigos y no me puedo relajar. Me pasa que no estoy gordo, pero tampoco como cuando jugaba, lógicamente, entonces no me siento bien. Porque no quiero jugar parado, aparte de que no me gusta perder ni a las bolitas, entonces voy a volver a entrenarme ahora que ya pasó un tiempo desde que me operé de los ligamentos cruzados.

¿Cuándo te diste cuenta que el capítulo del fútbol profesional había terminado en tu vida?

Yo jugaba mucho en el Ascenso, renegando porque no estás al día, la plata no alcanza, estás con lo justo. Me rompí los cruzados y pensé que si me recuperaba rápido iba a seguir, estaba en El Porvenir, y pasó que se demoró la operación porque el club me bicicleteó un poco para pagarla y ahí me di cuenta de que ya estaba, que habían pasado tres meses, yo no me cuidaba porque la idea de dejar de jugar iba tomando fuerza y bueno… se terminó.

Pasaron más de 20 años desde que arrancaste en infantiles de Independiente y hoy seguís siendo el máximo goleador histórico de las categorías menores. ¿Tiene un significado eso para vos?

Cambiaron mucho los tiempos. Hoy los pibes de Sexta, si hacen la cantidad de goles que hice yo, que fueron 18 y no era titular, mínimo va a Reserva. Yo me tuve que ganar la titularidad a fuerza de mucho sacrificio y sí, tiene un significado que tiene que ver más con lo humano, con los amigos que hice o las personas que conocí, más que con lo que logré desde Inferiores hasta Reserva.

¿Cómo arrancaste en Independiente?

Fui porque antes de Pre Novena yo jugaba en Temperley y mi hermano, que tiene cuatro años más, estaba en la Sexta de Independiente y como mi vieja no se podía partir en dos, mi viejo me propuso ir a probarme por mi cuenta para facilitarle las cosas a mi mamá y que fuéramos los dos para el mismo lado. Yo le dije que sí y entré.

¿Y desde ahí ya fuiste delantero o jugaste en otros puestos?

Primero estuve varios meses a prueba. Jugué de cinco, de dos, de ocho y hasta de arquero. Donde faltaba uno, yo jugaba porque iba todos los días. Cuando me fichan y me dicen que, de cinco, que era mi puesto, no iba a poder jugar porque estaba Fernando Godoy, el capitán de todas las Inferiores, vino Néstor Chanana Rambert (histórico formador del Rojo) y me dijo que yo iba a jugar de delantero. Me enseñó todo.

Si bien no tuviste, tal vez, la carrera que soñabas como futbolista…

No, perdón, te corrijo… El sentimiento que yo tengo es que el fútbol me dio demasiado más de lo que yo imaginaba. Me hubiese gustado seguir jugando, pero yo siento que el fútbol me dio muchísimo, porque yo no solo es que llegué a Primera, sino que lo hice con uno de mis mejores amigos, el Patito Rodríguez, y otros chicos con los que recorrimos las Inferiores de punta a punta, con los que me crie, con los que jugué mil partidos y campeonatos.

¿Qué es llegar a Primera?

Llegar a Primera para mí es algo que no me voy a olvidar nunca, pero sobre todo que no me lo va a sacar nadie. Me pueden decir, ‘Flaco, pero estuviste dos años en Primera nada más’. Sí, pero para mí fueron dos años super intensos, compartí cancha con Gabriel Milito, Eduardo Tuzzio, Lucas Pusineri, Cristian Pellerano, Maximiliano Velázquez, tipos que eran monstruos. Eso no me lo saca nadie y es lo que rescato.

¿Qué DT te subió a Primera?

A mí me sube el Tolo Gallego a fines de 2009. Ese día me lo acuerdo perfecto: yo estaba entrenando con la Cuarta, estábamos haciendo definición y viene el coordinador, que era el Nene Magán y me dice, ‘nene, vení’, yo pensando en qué cagada me mandé, qué hice, qué comentario habré hecho, y me dice ‘andá a la cancha tres’. ¡En la cancha tres se entrenaba la Primera! Entonces digo, ‘¿qué?’ Y ahí medio fastidioso me dice que vaya a la cancha tres, que me estaban esperando.

¿Y cómo fue ese primer contacto con la Primera?

Estaban haciendo definición, vos le tirabas la pelota al Tolo Gallego al borde del área, él te la corría para derecha o para zurda y vos definías. Y me acuerdo que me habló. Me dijo: ‘¿Qué haces, nene? Ponete ahí’. Me temblaba todo el cuerpo, aparte estaban todos los delanteros ahí y yo una piltrafa que venía de cuarta, tenía 18 años y el primer remate de derecha le pegué mordido y me quería matar (se ríe).

¿Y después?

Cuando terminó la práctica yo no sabía si irme y volver a Cuarta o quedarme, pero me dijeron que tenía que volver y al segundo o tercer día ya me empecé a cambiar en el vestuario, ahí ya estaba Patito Rodríguez y me dijo algo que no me olvido. ‘Mirá, Braca, el Tolo llega a las seis de la mañana y va al predio, llegá lo más temprano que puedas, porque se fijan en todo’. La práctica empezaba a las 8 y yo a las 7,30 ya estaba ahí.

¿Y de esos tiempos de Primera, qué recordás?

Cuando voy al primer banco, que ganamos 3-1 el día que Mancuello se puso la máscara del diablo, salgo del túnel y ya no lo podía creer. Me senté y al lado se sentó Pusineri. Yo tenía tanta emoción que con alguien lo tenía que compartir, entonces le digo ‘Pusi, no lo puedo creer’. Él me agarró la cabeza y me dijo ‘disfrutalo’.

Fue una buena época de Independiente esa de tus dos años en Primera…

¡Claro! Tuve la suerte de estar en el plantel Campeón de la Sudamericana 2010 y esas noches de Copas eran increíbles. En ese momento lo vivís, lo ves, lo sentís, pero hoy que estoy de este lado entiendo lo de la mística copera, era increíble. El grupo estaba metido, concentrado, unido. El clima era increíble. Tuve la suerte de tenerlo al Cuqui (Andrés) Silvera de compañero en su mejor momento, ¡esa copa de Silvera fue terrible! Yo no podía entender que estaba con él en el vestuario.

¿Y hoy? Toca ser un laburante más…

Exacto. Le empecé a dar una mano a la familia en el trabajo, en la fábrica de pastas Don Alfonso. Yo digo que les doy una mano, pero eso es una forma de decir porque en realidad ellos me dieron una mano gigante a mi cuando dejé de jugar y me dieron un lugar para trabajar.

¿De lo contrario, sin esa posibilidad, creés que hubiese sido más duro?

Conozco muchos casos de chicos que dejan de jugar y se ponen a buscar laburo, trabajando de lo que aparece, pero yo gracias a mi familia y a los negocios familiares pude recaer ahí para laburar y poder solventar mis gastos. Mi familia siempre me bancó con el fútbol y una vez que dejé de jugar, primero me preguntaron si estaba seguro y después me dijeron que era el momento de laburar con ellos.

Trabajando en la fábrica de pastas Don Alfonso, perteneciente a su familia.

¿Lo mejor que te dejó el fútbol?

Las personas, sin duda. La gente amiga que me hice en cada lugar donde jugué.

¿Lo peor?

La decisión que tomé cuando me fui de Independiente a los 20 años. Mi representante me quería sacar a toda costa y cuando me bajaron a Reserva después de los dos años en Primera yo estaba enojado, me quería ir, pero me pedía el pase libre, le dije ‘sácame de acá que quiero jugar’, y me consiguió categorías de B Metropolitana, bajé mucho y me costó tanto subir que, de hecho, no subí nunca más.

¿Un momento deportivo que elijas?

¿Pueden ser dos?

Claro.

El cabezazo en la Recopa (Sudamericana 2011) contra el Internacional de Porto Alegre -se coronó el equipo brasileño, con un global de 4-3-. Entré a los 80 minutos, metí un cabezazo en el palo, la rechazan ellos, la recuperamos, la abren para Maximiliano Velázquez, que tira un terrible centro rasante y yo llego dos segundos tarde. En un minuto tuve dos oportunidades de hacer un gol y no pude. El otro momento es el gol que le hice a Atlético Rafaela.

¿Cuesta el hoy?

Costó y cuesta. Pero a esta altura ya estoy acostumbrado. Antes me levantaba temprano para ir a patear una pelota y ahora para vender ñoquis. Arranco 7,20 y a las 8,30 ya estoy abriendo el negocio. Yo estoy en la parte de atención al cliente y cobro.

¿No amasás las pastas?

Jaja… En la fabricación no me metí porque no me gusta, pero también se hacen prepizzas y ayudo cuando hay que hacer algo. Me dejan las cosas y yo amaso, estiro, las pongo en las pizzeras, atiendo, cuando hay que ir a comprar, voy. Trato de que sea llevadero. La gente que trabaja en la fábrica me vio crecer, es un buen ambiente laboral, que es lo que siempre busco, generar buen clima.

Dejás un mensaje positivo…

Sí, el mensaje es positivo. A mí se me terminó a los 28, pero a muchos les pasa a los 35/40 y no saben qué hacer. Yo opté por disfrutar la vida. Mis amigos me dicen ‘pero, ¿de qué disfrutás?’ Y bueno, yo disfruto de no laburar los domingos, de pasear con mi novia, de tomar una cerveza, de comer lo que quiero, de irme un fin de semana largo a algún lugar. Nada de eso se podía con el fútbol.

Por Roberto Bravo. Con información y foto (excepto la de AP) de TN Deportivo. Video: Infobae.

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