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El fútbol de los sesenta, ¡Una fiesta!

Salen juntos Cantinflas Olguín, Puntano Araníz, Coche Roldán, Guajardo, Di Césare y Rivero (entre otros de Huracán) y Lucho Lucero, Julio César, Domínguez, Ruiz y Mur (entre otros de El Porvenir).

El escenario es la cancha de Huracán, antes que se desplazara hacia el sur, y la única tribuna (ahora convertida en platea) se ubicara en el centro del sector oeste.

Se disputa el Torneo 1964: Huracán no quiere perderle pisada al puntero Villa Atuel. El Porvenir, por su parte, no admite resignación alguna en su afán por quedarse en Primera. Para uno y otro, es un partido muy importante.

Un análisis de hoy, más de medio siglo después, abundaría en frases como “todo lo que hay en juego”, “el cuchillo entre los dientes”, “los nervios crispados”, “las pulsaciones a mil” y otras que intentarían reflejar la tensión previa.

Pero, la foto de arriba es una de esas que habla y es por demás elocuente: no solo hay rostros distendidos sino que hay varios sonrientes porque, más allá de las perdurables ganas y necesidades de triunfar, se entendía que el fútbol era una fiesta y, como tal, los principales protagonistas sentían la alegría de jugar.

Los tiempos fueron transformando esa alegría en ceños fruncidos, histeria, drama, “códigos” y la fiesta desapareció de los campos de juego atentando contra gambetas, sombreros, rabonas, paredes y fantasías.

La fiesta puede volver. Y cada uno desde su lugar, adentro y afuera, puede ayudar a marcarle el camino de retorno. ¡Vamos!

Por Roberto Armando Bravo/Roberto Bravo.

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