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Editorial: “La Nuestra”

Opinión sobre la falta de identidad del fútbol argentino, algo que en otros tiempos fue modelo a seguir.

Los años sesenta produjeron un profundo cambio en el fútbol mundial. Los equipos italianos, con el D.T. Helenio Herrera a la cabeza, impusieron una formación que fue bautizada como Catenaccio (cerrojo). Consistía en agregar un defensor más (el líbero), más volantes y menos delanteros con un dibujo 5-4-1 o 5-3-2.

Los equipos que practicaron el Catenaccio se caracterizaron por asfixiar a los rivales, marcándolos en todos los sectores y sacando ventaja del contragolpe.

Sin duda el cerrojo asestó un duro golpe al esteticismo aunque, a los efectos de obtener resultados, le permitió a clubes y selecciones alcanzar objetivos como títulos y clasificaciones. En nuestro país el ejemplo fue el Estudiantes (La Plata) de Osvaldo Zubeldía (1968/70), Tricampeón de América y Campeón del Mundo.

Y como el exitismo manda en el fútbol, otros equipos argentinos comenzaron a usar ese sistema, que ya tenía un antecedente: San Lorenzo 1965, con Juan Carlos Lorenzo como entrenador.

Como toda acción produce una reacción, aquí se comenzó a hablar de “La Nuestra”, expresión que sintetizaba el buen juego, a ras del piso, con gambetas y hasta lujos, algo que caracterizó al estilo nacional desde sus comienzos.

Con el paso del tiempo, el mundo impuso otros sistemas que nosotros seguimos copiando; “La Nuestra” se redujo a un recuerdo nostálgico que aquí cada vez se recuerda menos.

Lo que unos desechan, a otros les sirve

Y si no pregúntenle al Barcelona F.C., que adoptó “La Nuestra”: técnica, precisión, rapidez y posesión. Y también lo hizo España, Campeón del Mundo en 2010.

Y, prontamente, el resto de Europa imitó a La Roja: se vio en el último Mundial (Rusia 2018) con el juego de Francia y Croacia, Campeón y Subcampeón, respectivamente.

Claro que el primero fue Alemania que, a comienzos del siglo actual, alcanzó un gran acuerdo nacional para que, desde las Inferiores, se priorizara la técnica.

En esta época de abstinencia futbolera, el pasado fin de semana consumimos partidos de la Bundesliga alemana; si hubiera que calificarlos estarían todos arriba de 7 puntos, por la técnica y hasta lujos (como tacos y pisadas) en el área para poner a delanteros en posición de gol.

Se impone un cambio

El juego argentino de estos tiempos no tiene identidad, y no habría que tener prurito en trabajar para recuperar “La Nuestra”.

Claudio Tapia fue elegido presidente de la AFA por una unanimidad que debería ser utilizada para facilitar un proyecto nacional recuperador. La materia prima está garantizada; siguen saliendo talentosos que se diluyen porque se les asignan diversas obligaciones como correr y marcar. Hay que respetar su identidad.

En definitiva, hay que revalorizar el concepto “jugar”. Basta de preocuparnos por los otros; que ellos se preocupen por nosotros.

Por Roberto Bravo.

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