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Cuidado con los incendios

El tiempo ha cambiado. Inviernos eran los de antes con nevadas que comenzaban en mayo, y dejaban su sello en los lugares a donde no llegaba el sol. Con primaveras y otoños que eran verdaderas medias estaciones: sin granizo cayendo en octubre o en abril. Y los veranos eran veranos con tanto calor como tormentas.

El razonamiento se escucha a menudo y, lógicamente, proviene de gente grande; aquella que ha vivido lo suficiente para comparar épocas.

Medio siglo atrás, los vientos se hacían sentir en agosto. A los chicos alegraba: eran de gran ayuda para remontar los barriletes, hechos en casa, que volaban tan alto como los sueños infantiles.

Por estos tiempos, no son tan fuertes. Pero soplan. Ya tuvimos algún adelanto en julio que potenció pequeños fueguitos y los convirtió en una decena de incendios preocupantes.

El no apagar bien una colilla de cigarrillo o cualquier fuego (el de un asado o quema de pastizales) puede traer consecuencias imprevisibles. Las grandes lluvias de verano y otoño hicieron crecer  significativamente las malezas que ahora, secas, actúan cuasi un combustible.

La situación requiere del cuidado y responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Lamentarse después, tener algún sentimiento de culpa no remediara nada. Lo mejor es prevenir.

Por Roberto Armando Bravo.

Foto de inicio: tomada el 11 de julio de 2016 en inmediaciones del barrio El Portal IV.

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