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Cuento corto de los sesenta: la Canchita y Billiken

El último domingo, la revista Billiken cumplió cien años de vida.

La noche se ha hecho larga. Y no es que haya salido; no tiene edad; aún usa los cortos. El sueño de la noche del sábado se ha postergado porque, por la enorme radio a transistores, escuchó el combate de Ringo Bonavena y Goyo Peralta. “¡Un peleón!” asegurará después a la barra y narrará detalles porque lo Vio por la Radio.

A oscuras, tratando de provocar el menor ruido posible (gira lentamente la perilla para atenuar el chasquido del apagado), comienza a pensar en el domingo: “¡Ya es domingo!”, se sorprende.

A ver; el día más lindo de la semana tiene partido en la canchita; habrá que estar a eso de las nueve y pico para empezar a las diez. Y no será un partido más; el Piro ha encontrado un reloj de bolsillo que era del abuelo. Tiene tapita y cadenita por lo que lo amarrará al cinto y lo meterá en el bolsillo del pantalón. “¡Si lo viera el Nono que lo consultaba con elegancia al sacarlo del bolsillito del chaleco!”. Lo trascendente es que, por primera vez, se disputará un partido por tiempo, no por “el último gol gana”.

El “Va cayendo gente al baile” (no tiene que ver con la ocasión pero se usa) se repite a medida que van llegando los protagonistas. Después de un Loco, los capitanes eligen; comienza el Chiche que sacó el palito más largo. “Me ganó la primera pulseada” dice para sí el Tito.

– “Para, pará, ¿cuánto vamos a jugar?” alerta Cacho.

– “Serán dos tiempos de 30′ cada uno”, sentencian los capitanes con gestos que tratan de disimular que ya lo tenían acordado.

Los Players suman catorce. Ropa y calzado tratan de parecer indumentaria deportiva; dominan buzos azules,  pantaloncitos y medias ¾ blancos (los de hacer Gimnasia). La mayoría calza zapatillas medio básquet aunque algunos pocos lucen Sportlandia con ventilación para dedos…

El equipo del Chiche innova para diferenciarse: algunos le afanaron a las viejas rollos de cinta al bies blanca y han cruzado las camisetas con una bandita blanca. “Lo vi en el Billiken”, se ufana con aires de descubridor el dueño de la idea.  

100 años: 17 de noviembre de 1919. Tapa del primer número de Billiken con “El campeón de la temporada”. ¿El precio? 20 Guitas (centavos).

Por las dimensiones de la canchita, los siete de cada lado conforman una multitud. Todos saben que, con poco espacio, habrá que meter y esperar que un tiro más fortuito que bien dirigido ingrese a la valla con ladrillos por postes.

Terminó el partido 1-1; ni vencedores ni vencidos. Hay coincidencias en que no pudo ser peor. Apenas un par de goles por tiros que iban a cualquier lado pero se desviaron en el camino.

– “A lo mejor el domingo podamos ir a la Pincharrata”.

– “Y si, hoy jugaron los del Canal, así que nos toca a nosotros”.

– “Ta buena, es más grande”.

Esperanzados con paredes, caños, rabonas y tacos, después del mediodía, emprenden la vuelta a casa. Pelos revueltos, caras enrojecidas (con surcos de transpiración y tierra) y rengueras conforman la postal posbatalla.

Gana la calle el olor al tuco de los ravioles. Es tarde; algunos tendrán que entrar por la ventana.

Tapa de Billiken de los años sesenta. “¿Me creerán si digo que hace rato llegué?”.

– “¡Ah! A la tarde les cuento cómo ganó Ringo. No, mejor mañana porque tengo que calcar la portada del mes de Billiken”.

Por Roberto Armando Bravo.

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