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Mejores y leales

Con los cambios que produce el paso del tiempo, los chicos usan distintos métodos para elegir a quiénes van a formar su equipo de fútbol.

Antes era el “pare o none” o el palito más largo. Antes y ahora no había diferencia en algo: el que ganaba “el sorteo” optaba por los más talentosos, los de más carácter, los mejores.

El criterio va mucho más allá de lo lúdico. Si un empresario funda una empresa, se rodea de los más aptos en ventas, compras, administración y demás.

La directora de una escuela quiere estar rodeada de los docentes más competentes (aunque el modo de selección no siempre lo posibilite) para que eduquen mejor.

Y la lista abarca asociaciones, entidades y hasta los grupos más ignotos.

Por supuesto que se espera que el aporte también sea consecuente con la identidad de quienes los sugirieron, pero no es condicionante; no se piensa en fantasmas.

En algo tan importante como la política, plataforma de los gobiernos, esto no siempre se da: algunos que eligen privilegian lealtad (rayana en la obsecuencia) por sobre capacidad; no se rodean de los mejores sino de los obedientes.

Que se priorice conservación de poder por sobre calidad institucional es, al mismo tiempo, un síntoma de debilidad.

Por Roberto Armando Bravo.

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