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Aquel primer Pentatlón…

Cansado y feliz. Apenas finalizada la competencia, Tico Russo responde a la requisitoria periodística. Chacho De La Reta también será consultado. Seguramente todavía no advertían la dimensión del Pentatlón.

El domingo 11 de enero de 1987 tomó forma una de esas ideas que, por su impronta, surgen muy de cuando en cuando: el Pentatlón Argentino.

Hacía tiempo que, por la cabeza de Tico Russo y compañía, rondaba la idea de proyectar nacionalmente al turismo sanrafaelino a través de competencias deportivas a realizarse dentro mismo de nuestros atractivos naturales (Deporte & Turismo).

Hasta entonces, solo podían contar un poco de la ciudad las delegaciones de futbolistas, automovilistas y ciclistas que eventualmente nos visitaban; una promoción muy acotada.

Lo primero

Dicen que la primera publicidad fue la de la gallina que, cacareando, anunció que había puesto huevos. Siguiendo esa máxima, Tico convocó a la Agencia Publicine Producciones (Marcelo Darío – Rodolfo Vizcaya) para que promocionara el Pentatlón con la debida antelación. Y lograron instalarlo, tanto que los sanrafaelinos lo sintieron como propio antes de la largada.

Otro de los grandes desafíos fue coordinar la organización de la competencia. Al frente, Tico, Chacho de la Reta (ladero de lujo) y decenas de voluntarios que controlaron, cronometraron señalaron, llenaron planillas y demás.

El clima ayudó y, a las 11.00 H. en punto, 58 competidores (locales, mendocinos, cordobeses, bonaerenses, entrerrianos, salteños) divididos en categorías Seniors, Damas, Juniors y Veteranos comenzaron la prueba en las aguas del lago El Nihuil.

Al Windsurf siguieron las motos por las dunas, el Kayak por Valle Grande, Ciclismo de ruta y Pedestrismo hasta arribar a la llegada en Hipólito Yrigoyen  y Gutiérrez (sede de Pentatlón) en medio del fervor de una multitud que brindó calor humano a lo largo de todo el recorrido.

Tras casi tres horas y media, el entrerriano Héctor Amengual se erigió en el triunfador aunque ganaron todos. Todos  ganamos gracias a aquel visionario llamado Tico Russo.

Por Roberto Armando Bravo.

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